-Eres la mujer de mi vida. Te quiero. Te adoro. Cásate conmigo.-ella le miró muy seria, tal vez asustada.
-¿Es una órden?-su voz temblaba de duda, pero tenía una nota de desafío.
-Es una súplica.-supo al instante lo que ella intentaba- No vas a hacer eso, te conozco y no voy a dejarte hacerlo, si no quieres no te cases conmigo, mejor, podemos borrar este momento. Olvidarnos. Prometo no volver a intentarlo, no hablar de bodas nunca jamás, tendremos una palabra clave para las bodas, ¿de acuerdo? si por algún motivo tenemos que referirnos al tema lo llamaremos...¡pomelo!...
-¿Pomelo?
-Pomelo. Pero por favor, no utilices esto como una excusa para dejarlo, no voy a presionarte, joder, yo nunca te he presionado, te quiero, te conozco, sé que no te van estas cosas, ha sido... un acto reflejo.-evitaba mirarle a los ojos, su mirada iba de un lado a otro, como un tigre encerrado en una jaula, buscando una salida...
Con delicadeza la tomo de la barbilla obligándola a mirarle y trató de hacerla entender todo lo que no podía decirle en palabras.
-Y si alguna vez cambio de opinión, ¿en las invitaciones tendremos que referirnos al evento como la fiesta del pomelo?
-Tal vez.-sus ojos chispearon de alivio-Además, tendría sentido, el pomelo es un injerto y una boda es una unión de dos frutos maduros, de dos personas.
-Esta pillado por los pelos hasta para tí...
-¿Prefieres mandarina?
-No, pomelo está bien...
Hace 1 año